He tenido innumerables experiencias de comenzar de nuevo a lo largo de mi vida y en cada una de ellas la receta, aunque varía en algún ingrediente, siempre fue la misma: generosa porción de miedo, inseguridad, pellizcos (que se pueden manejar) de vergüenza y mucho coraje. Este último es imprescindible.
Ya sea por su propia voluntad o por la voluntad del destino, aquellos que comienzan de nuevo acaban de terminar. Y los extremos … ¡oh, los extremos! Un gran muro infranqueable justo en enmedio del camino, impidiéndonos llegar a ese plan soñado en la comodidad de nuestra imaginación durante años y que la realidad insiste en no concedernos.

Superar este muro, ya sea concreto o como límite simbólico, implica un gran gasto de energía. Esto se debe a que tenemos que romper con la inercia de la vida y resignificar mucho de lo que una vez tuvo sentido y de repente deja de tenerlo.
Quien vuelve a empezar, se arriesga a perder lo que tenía y puede que no encuentre que poner en su lugar. Y es en el camino, cuando ya hemos levantado las piernas del suelo pero aún no hemos aterrizado en el otro lado, cuando aparece el miedo. En este punto, a menudo la solución es detenerse allí y quedarse. La vida desde arriba puede ser cómoda, ya que se ven los dos lados. No pierdo lo que tenía porque todavía siento la cercanía del pasado y al mismo tiempo veo el futuro que me permite fantasear alimentando el deseo de nuevas experiencias.
Y así, desde arriba satisfago mis necesidades de una manera segura. Sin arriesgarme con el gran salto, del que me puedo arrepentir. Sin renunciar a tantas cosas importantes que he experimentado. ¿Cuál es el problema de esta situación? Absolutamente ninguno. Aquí la cuestión es aceptar y asumir la responsabilidad de las consecuencias de esta elección, ser conscientes y saber que siempre podemos tomar nuevas decisiones. Sabiendo que nunca se puede tener todo y que siempre habrá pérdidas. Depende de mí decidir qué quiero y qué puedo perder en una situación dada.
Yo personalmente me he convertido en una experta en saltar paredes.

Como resultado, llevo una buena carga de pérdida y culpa, pero también una gran cantidad de nuevas experiencias. El camino de la vida está lejos de ser recto y libre de obstáculos. Cuanto mejor preparados estemos para lidiar con las dificultades que aparecen, más lejos llegaremos. La vida es del tamaño de nuestro coraje.

Mariana Vitale – Psicologa Coach

Mariana Vitale

Author Mariana Vitale

More posts by Mariana Vitale

Leave a Reply