Esta mañana he recibido un audio de voz de un amigo muy querido que vive en Inglaterra.
5 minutos de audio. Pienso: alguien ha muerto, se vuelve a Brasil o me está enviando un sueño. ¡BINGO!
Él sabe que a mí me encanta el mundo de los sueños y más aún sumergirme en este universo de símbolos y significados. Cada vez que alguien me cuenta un sueño, me regala el privilegio de compartir algo tan íntimo y especial.
Como psicóloga, los sueños son parte de mi trabajo. Podríamos decir que son retratos de nuestro mundo interior, imágenes inconscientes que nos llegan mientras dormimos. Un mensaje:
De: mí
Para: mí
¿Mensajes de qué? ¿Para qué? En la escuela estudiamos la homeostasis como un fenómeno de autorregulación biológica de nuestro organismo. Digamos que los sueños serían este equivalente psíquico. Una autorregulación interna, un proceso de equilibrio entre nuestra conciencia y nuestro mundo inconsciente. El lenguaje del inconsciente es metafórico, simbólico, por lo que la mayoría de las veces tenemos la sensación de que nuestros sueños son historias sin fundamento y sin significado. Sería como pensar que los rusos no tienen nada que decir solo porque no podemos entender una palabra de su idioma. Pobre Dostoievski
Para interpretar un sueño tenemos que tener claras algunas cosas. La primera es que todos soñamos y lo hacemos cada noche. Lo que pasa es que muchas veces nos despertamos y ya no nos acordamos, o lo tenemos en la cabeza por un segundo y, de repente, ya no está. Sin embargo no tener la consciencia de algo no significa que no esté.
Imaginemos una situación de esfuerzo físico extremo en la que sentimos nuestro corazón latir a tope y tenemos la consciencia de que está ahí, diciéndome algo como: “¡basta ya!”. Pero en este caso, sí no lo sentimos no creemos que ya no está. Tenemos claro que funciona independiente de si lo noto o no. Con los sueños lo mismo, están.
Una buena manera para acordarnos de nuestros sueños es empezar a interesarnos por ellos. Si cada mañana intento apuntar lo que me viene a la memoria, si me paro a pensar en sus imágenes, les estoy dando un lugar en mi vida y comenzaremos a recordarlos más. ¡Pruébalo!
Otro punto importante es que no existe un manual o un diccionario definitivo que nos dé con exactitud el significado de cada imagen. Los sueños son simbólicos y por este motivo sus imágenes pueden representar cosas distintas, dependiendo de la persona que lo interpreta. El buen análisis lleva en consideración la simbología colectiva, la cultura de la persona que sueña (no será lo mismo una paloma blanca para un cristiano que para un musulmán) y también las asociaciones personales de la persona que ha soñado. A lo mejor este cristiano que ha soñado con la paloma blanca padece de ornitofobia (fobia a los pájaros) y asocia la paloma al pánico y no a la paz.
Finalmente es fundamental saber que un análisis de sueño puede contarnos muchas cosas acerca de nosotros mismos. Algunos pueden desvelar deseos secretos, peligros, ideas que no nos atrevemos a pensar. Otros pueden sencillamente existir para procesar estímulos en exceso, o revivir experiencias fuertes una y otra vez. Solo lo sabremos cuando los analicemos dentro del contexto de la vida de la persona que lo ha soñado.
Sea como sea, los sueños son un regalo de nuestro inconsciente. No es por nada que utilizamos la misma palabra para referirnos a las cosas que más deseamos en la vida. Os animo a interesaros más por este mundo onírico e a disfrutar de este universo de imágenes y símbolos.
Mariana Vitale psicologia / coaching